La alcancía de Gustavo
Cuenta la historia que hace muchos años, había un niño muy hermoso que se llamaba Gustavo. Su mamá y su papá lo amaban mucho. Él era un niño muy bueno, inteligente y generoso. Su mamá le enseñó a ahorrar en una alcancía, parte del dinero que le daba para sus pequeños gastos. Como Gustavo era un niño muy obediente, guardaba en esa alcancía más de la mitad del dinero que recibía semanalmente. En realidad lo que su mamá quería era que aprendiera el hábito del ahorro para cuando fuera grande. Así, durante mucho tiempo, Gustavo logró juntar mucho dinero, considerando la poca cantidad que ahorraba semanalmente.
Un día, su mamá no tenía dinero y tuvo que pedirle a Gustavo todo el dinero que tenía en su alcancía. Él no dudó ni un instante en decir que si a esta petición. Entonces su mamá abrió la alcancía y contó. Cada moneda fue una lágrima dolorosa y desgarradora. Al fin fueron setenta mil pesos e infinitas lágrimas. Pasaron catorce años y el generoso Gustavo nunca cobro esa deuda. Un buen día su mamá decidió que era hora de pagar. Pero para tan generoso gesto, no se podía solo tomar esa cantidad y devolverla. Entonces durante más de un año, caminó al trabajo y fue poniendo el dinero en una alcancía. Un paso por cada lágrima fue cerrando la herida y finalmente en la navidad de dos mil once, Gustavo recuperó el dinero de su alcancía.
Y esta vez, cada moneda fue símbolo, de la generosidad de un hijo y la gratitud de una madre.
VeroMori_12_2011

