Lo recuerdo en la pesadez del verano, un abrigo grueso y sucio sobre los hombros, llevando sus tesoros en múltiples y ajadas bolsas.
Muy alto, delgado, un poco encorvado, una barba de días y siempre arrastrando los pies. Se olía la falta de agua y jabón, la indigencia mas cruda y descarnada, la no heredada, la adquirida o impuesta por la vida sorpresivamente. “Parece que es la peor”
Era un hombre culto, educado y cordial, sus conversaciones, coherentes e interesantes. A veces sus ideas y pensamientos estaban confundidos. Quizá el alcohol, drogas o una enfermedad desconocida, eran la causa.
Su gran pasión… la Dolce Vita y Federico Fellini. Se llenaba de alegría y entusiasmo cuando hablaba de eso. Por eso era “Fellini” ¿porqué será que las personas como él no quieren decir su nombre? “algo muy profundo se esconde allí”
Siempre tenía dinero y nunca lo vimos pedir limosna. Se decía que todas las semanas, venían unas personas en un auto muy lujoso a visitarlo.
Fellini era muy generoso, durante un tiempo adoptó a un amigo que perdió el trabajo y quedó en la calle. Era enternecedor verlo. Se preocupaba de él, le compraba comida, compartía todo. Le permitía dormir a su lado, en su lugar, la esquina de Nataniel con Eleuterio Ramirez. Es que algo que Fellini extrañaba mucho era el contacto con otras personas. Recuerdo que siempre se enojaba conmigo porque no quería recibirle las monedas en la mano. Insistía mucho, golpeaba el mesón con las monedas, no quería dejarlas ahí, quería tocar mi mano. Me daba mucha pena, porque lo entendía pero igual no podía. Y él insistía cada vez. Fellini me hizo comprender la tristeza que significa no tocar a otra persona. A ellos, las personas de la calle, nadie los toca, nadie los acaricia, todos sienten lo que yo sentía, asco, repulsión, rechazo. Un día, se bajó los pantalones en medio de la vereda, se puso en cuclillas e hizo sus necesidades. Todo el mundo estaba escandalizado, pero ¿alguna vez habíamos pensado en que lugar lo hacía habitualmente?
Un día cualquiera desapareció. Lo volvimos a ver en la televisión, en un anuncio de un programa dedicado a personas como él. Me preparé para verlo, quería saber de él, como estaba, que decía. Cuando llegó la hora, un llamado telefónico interrumpió el momento. No pude verlo y unas lágrimas tristes rodaron por mis mejillas.
“Es que Fellini no quizo que lo viera por última vez. Todo por por no querer tocar su mano”
VeroMori_10_2011

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