aun solitaria y somñolienta,
pareces mecida por la aurora.
En el suave sopor del despertar,
no eres la fiera inclemente del medio dia,
ni la sabia certeza del ocaso.
Tierna y olorosa te entregas a la vida.
Aromas de café, pan recién horneado.
Un perfume sutil, otro perfume envolvente.
El betún del lustrabotas, el hedor de alcantarillas.
Triste fetidez de un río,
Inmensidad de una montaña,
que no siempre puedo ver.
Jazmines que exalan su fragancia.
Sientan, sientan... parecen decir,
queda poco tiempo...
te irás al torbellino del quehacer
y mi aroma no importará.
Te contemplo en un instante...
luego no tendré lugar para ti.
Santiago...mi ciudad... de un pequeño país…
de un pequeño mundo… de un bello universo…
que hoy es mi hogar.

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